Somos
Maíz.

Un ente dual. Al maíz lo hicimos y entonces el maíz nos hizo a nosotros.

Nos fundimos en un ciclo sin fin a través del cosmos. Compañeros de viaje, de vida; compadres de nacimiento y muerte, de siembra y cosecha. El humano y el maíz, un suspiro dual, entre el suelo y el cielo eternos.

El maíz es la Tierra que se entrega para darnos vida. Miles de años, cientos de generaciones trabajando el campo y dando forma a nuestro alimento por antonomasia. La milpa en cada plato, en cada comida. El maíz en todas sus formas, milenario, continúa entregando regalos a la humanidad tecnologizada; aceites, fármacos, plásticos y todo tipo de nuevas maravillas.

Somos Maíz.

Un ente dual. Al maíz lo hicimos y entonces el maíz nos hizo a nosotros.

Nos fundimos en un ciclo sin fin a través del cosmos. Compañeros de viaje, de vida; compadres de nacimiento y muerte, de siembra y cosecha. El humano y el maíz, un suspiro dual, entre el suelo y el cielo eternos.

El maíz es la Tierra que se entrega para darnos vida. Miles de años, cientos de generaciones trabajando el campo y dando forma a nuestro alimento por antonomasia. La milpa en cada plato, en cada comida. El maíz en todas sus formas, milenario, continúa entregando regalos a la humanidad tecnologizada; aceites, fármacos, plásticos y todo tipo de nuevas maravillas.

México es Maíz.

Somos nuestra cultura; lo que vivimos, lo que bebemos y lo que comemos. Por lo que brindamos somos y con lo que celebramos nos hacemos. Porque sin tortilla no seríamos nosotros. Sin pozoles, tostadas, chalupas, tlayoyos, sopes, gorditas, memelas, tamales, atoles, champurrados, pozol, huaraches, papadzules, quesadillas, flautas, chilaquiles y panuchos, México no sería.
La tortilla es nuestro orgullo. Somos lo que amamos y somos lo que creamos; tacos al pastor, de carnitas, de cabeza, árabes, de mariscos, de birria, suadero, nopales, arroz con huevo y cualquier guisado. De moles, con moles, de aguacate o con guacamole; de hierbas o de chiles, enteros, rellenos o en rajas; de pescado, de insectos o larvas de insectos; de flores, de hongos y huitlacoches. El maíz en el plato es un mundo al interior de otro mundo; el centro de nuestra identidad, al centro de nuestra cultura.

México
es maíz.

Somos nuestra cultura; lo que vivimos, lo que bebemos y lo que comemos. Por lo que brindamos somos y con lo que celebramos nos hacemos. Porque sin tortilla no seríamos nosotros. Sin pozoles, tostadas, chalupas, tlayoyos, sopes, gorditas, memelas, tamales, atoles, champurrados, pozol, huaraches, papadzules, quesadillas, flautas, chilaquiles y panuchos, México no sería.

La tortilla es nuestro orgullo. Somos lo que amamos y somos lo que creamos; tacos al pastor, de carnitas, de cabeza, árabes, de mariscos, de birria, suadero, nopales, arroz con huevo y cualquier guisado. De moles, con moles, de aguacate o con guacamole; de hierbas o de chiles, enteros, rellenos o en rajas; de pescado, de insectos o larvas de insectos; de flores, de hongos y huitlacoches. El maíz en el plato es un mundo al interior de otro mundo; el centro de nuestra identidad, al centro de nuestra cultura.

Somos lo que
amamos
y somos lo que
creamos

La milpa entera en cada taco.

Bañados en salsas de mil texturas, picores y sabores; verdes, rojas, naranjas, marrones y negras. Y en ese crisol del taco nos encontramos, nos reconocemos y refugiamos, girando en ciclos infinitos al rededor del sol.
Nadie escapa al encanto, México subyuga los sentidos y su comida trasciende longitudes y paralelos. Nuestra mesa es una atracción mundial hasta para los más exigentes. Porque nuestra mesa está viva, se reinventa en cada casa, innovando en cada cocina, de cada pueblo, de cada etnia. Nuestra más profunda identidad se asoma en el desenfado de cada taco.
Este proyecto es el umbral de entrada a ese universo.

La milpa entera en cada taco.

Bañados en salsas de mil texturas, picores y sabores; verdes, rojas, naranjas, marrones y negras. Y en ese crisol del taco nos encontramos, nos reconocemos y refugiamos, girando en ciclos infinitos al rededor del sol.
Nadie escapa al encanto, México subyuga los sentidos y su comida trasciende longitudes y paralelos. Nuestra mesa es una atracción mundial hasta para los más exigentes. Porque nuestra mesa está viva, se reinventa en cada casa, innovando en cada cocina, de cada pueblo, de cada etnia. Nuestra más profunda identidad se asoma en el desenfado de cada taco.
Este proyecto es el umbral de entrada a ese universo.

ROMA NORTE

POLANCO

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